LOS MENORES DE LOS CENTROS DE ACOGIDA DE  EXTREMADURA PIDEN A LA SOCIEDAD QUE LES TRATE COMO NIÑOS NORMALES
- Los niños han participado en una iniciativa de la Dirección General de Política Social del Gobierno de Extremadura.

Como personas normales, con aspiraciones y agradecidos por la atención recibida se muestran los menores que residen en los centros de acogida (CAM) del Gobierno extremeño, pero reivindican también respeto a la sociedad porque a veces se piensa, erróneamente, que están en estas instalaciones porque “hemos hecho algo malo o hemos cometido algún delito”.

20/11/2012

Esto es lo que expresa una niña de 12 años que vive en el centro “Valcorchero” de Plasencia, que junto a otros muchos compañeros ha dado a conocer sus impresiones gracias a una iniciativa de la Dirección General de Política Social y Familia con motivo de la celebración, el 20 de noviembre, del Día Universal de los Derechos de la Infancia.
En el mismo sentido se manifiesta también una chica de 16 años que reside, desde que tenía 8, en el centro “Isabel de Moctezuma” de Caminomorisco. “Soy normal, una más, y como tal deseo ser tratada…tengo derecho a ello”, reivindica esta joven.
Lamenta que comentarios hirientes, miradas de desconfianza y susurros sobre su persona forman parte de su día a día y, “aunque no me considero una extraterrestre, ésa es la sesión que tengo cuando salgo del centro y me enfrento a la sociedad”.
Otra joven de su misma edad, pero que habita en el centro “Francisco Pizarro” de Trujillo, lamenta que tenga que dar explicaciones a profesores y niños porque creen “que por estar en un centro de acogida de menores somos delincuentes”.


MUESTRAS DE AGRADECIMIENTO
Pero todos los menores que han participado en esta iniciativa también agradecen lo que han encontrado en estas instalaciones, que se han convertido en su otro hogar y en su otra familia.
Como dice uno de los niños del “Antonio Machado” de Mérida, este centro “me ha aportado mucha felicidad y me ha dado la oportunidad de levantar la cabeza y demostrarme que yo valgo para formarme y crear mi propio futuro. Les agradezco todo lo que han hecho por mí, por acogerme, vestirme, alimentarme y sobre todo por la educación que me han aportado”.
Los más pequeños del centro “San Juan Bautista” de Badajoz definen a este lugar como “una casa muy grande” en la que los adultos “nos cuidan, nos llevan al colegio, nos ayudan a hacer las tareas, nos cuentan cuentos, nos dicen que hablemos bien y no digamos palabrotas”.
“Por la noche nos tapan con las mantas y nos dicen que sonriamos a los angelitos”, afirman estos niños, a los que también visita el ratoncito Pérez cuando se les cae un diente.
“No se pasa tan mal como piensa la gente, porque aunque no veas a tu familia, nosotros sabemos que nos quieren mucho”, señala otra niña del centro “Valcorchero” de 11 años, mientras que uno de sus compañeros, un año menor, confiesa que aquí se siente como en su casa y “además, las comidas están buenísimas”.

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