FALLECE EN UN ACCIDENTE EL JEFE DEL DESTACAMENTO DE TRÁFICO EN TRUJILLO

El sepelio tuvo lugar en la iglesia de San Martín, que se vio abarrotada de guardias civiles llegados de diferentes puntos para despedir a su compañero fallecido en acto de servicio: el alférez Bartolomé Delgado Cívico, jefe del Destacamento de Tráfico de Trujillo, A quien un desafortunado cruce con un perro cuando iba de servicio en su moto 24 horas antes le había segado la vida.
La capilla ardiente estuvo instalada en uno de los tanatorios de la ciudad y hasta allí se desplazaron jefes y mandos de la Guardia Civil venidos de toda la región. También acudió el subdelegado del Gobierno en Cáceres, Fernando Solís, o el general jefe regional de la Guardia Civil. Tampoco faltaron al funeral, el director general de la Guardia Civil, Francisco Javier Velázquez López, que acudió acompañado de la delegada del Gobierno en Extremadura, Carmen Pereira.
En medio de un intenso dolor, el vicario general de la diócesis de Plasencia ofició el funeral, que estuvo precedido por la imposición de la medalla de plata al mérito de la Guardia Civil.
Al alférez Bartolomé Delgado era muy apreciado por todos sus compañeros. Así se pudo constatar en la celebración de la última festividad de la patrona de la Benemérita, la Virgen del Pilar, compartiendo almuerzo en la terraza de un conocido restaurante trujillano de la plaza mayor. El mismo recinto monumental que ayer se vio abarrotado de compañeros del cuerpo para despedir los restos de este cordobés, natural de Villar del Río, que ha sido enterrado en la localidad onubense de Hueva de Cortegana.
Los hechos ocurrieron el día anterior, en la autovía A-V en sentido Badajoz, cuando casi a mediodía, en el término municipal de Santa Cruz de la Sierra, un perro que cruzaba la autovía provocó que el motorista, al intentar esquivar al animal, perdiera el control de su moto, chocara contra el quitamiedos y saliera despedido fuera de la carretera, herido mortalmente. Nada pudieron hacer por su vida los equipos de emergencia sanitaria personados en el lugar del suceso.
El alférez llevaba 21 años en el cuerpo, estaba casado y tenía dos hijas, de 10  y 7 años. Llevaba poco más de un año en el destacamento de Trujillo y dicen de él sus compañeros que era «buena persona, muy trabajador y un enamorado de las motos».
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